El niño cinco mil millones

Tras la muerte de Mario Benedetti son muchos los lectores de su obra que han decidido homenajearlo. Desde la blogosfera educativa fue Joselu el que convocó para realizar un wiki con poemas recitados por docentes (y no docentes); desde las Personas Libro Antonio J. Sánchez ha abierto un blog, Respirando a Benedetti,  en el que se irán agregando las grabaciones en vídeo de todos los que quieran colaborar en la edición en voz de sus obras completas.  A estas dos iniciativas en internet se suman los actos que están celebrando las Personas Libro y otras asociaciones en Andalucía y fuera de Andalucía, entre los que se enmarca el que celebraremos en Sevilla el próximo jueves 19 a las 21:00 en La Carbonería.

Las infinitas obligaciones del fin de curso me habían impedido dedicarme a estos asuntos, pero el estupendo puente que nos ha regalado la Delegación de Educación (en una fecha tal vez poco oportuna) me ha permitido realizar una grabación y hacer un montaje de diapositivas. Cuando lo he terminado y lo he subido a YouTube me he encontrado que  me he tomado el trabajo en vano, pues ya alguien había utilizado el mismo microrrelato para realizar un vídeo muy interesante. Si se me hubiese ocurrido hacer una búsqueda previa, habría elegido otro texto, pero como ya está hecho, enlazo aquí los dos vídeos, pues al fin y al cabo son dos visiones diferentes y dos distintas variedades de la lengua.

Tengo que reconocer que prefiero al Benedetti narrador que al poeta, de ahí que tanto para las grabaciones como para decirlo en La Carbonería haya elegido este breve texto, El niño cinco mil millones, impresionante y sarcástico, que he utilizado en mis clases con frecuencia. Como el relato hace referencia a un suceso de 1987 me he permitido actualizarlo utilizando imágenes de los campos de refugiados de Darfur. Aquí están los dos vídeos, listos para la comparación, que no para la competición. Y ahora me queda aprenderme el relato de memoria para el jueves, que es lo más complicado.

Poema mutilado

Joaquín Velasco, que pertenece a esa categoría de médicos humanistas que no debiera desaparecer nunca, me envió hace una temporada  un  correo que reproduzco a continuación y que contenía completo un poema de Rafael Montesinos que yo conocía, sin la última estrofa, a través de la antología de José Antonio Plaza De todo corazón, 111 poemas de amor, de la que hablaba recientemente Lu y hace algún tiempo más Antonio Solano. No sé si el poeta escribió varias versiones o la mutilación se debe a cualquier otro motivo, sí estoy totalmente de acuerdo con las apreciaciones de Joaquín.

PENSÁNDOLO DE PRONTO

Con voz de mi tierra quiero
- pues tierra mía tú eres -
decirte lo que te quiero.

Decirte que tú mi niña…
Decirte que yo…Decirte…
Ay, ¿cómo te lo diría?

Lo digo de corazón.
¿La vida, si no es contigo,
para qué la quiero yo?

De corazón te lo digo.
¿Cómo voy a querer yo
la muerte si no es contigo?

No entiendo la supresión del último terceto en la edición de 111 poemas de amor. A mi modo de ver es el qué le da más fuerza y más hondura al sentimiento. Aparte del juego tan bonito entre las dos soleares finales.

Calle de las Sierpes, de Oliverio Girondo

Oliverio Girondo estuvo en Sevilla en 1923. Este poema lo dedicó a nuestra más famosa calle. Si pudiese volver a recorrerla, no la reconocería. Afortunadamente.

Calle Sierpes (Sevilla)

Calle Sierpes (Sevilla)

A D. Ramón Gómez de la Serna

Una corriente de brazos y de espaldas
nos encauza
y nos hace desembocar
bajo los abanicos,
las pipas,
los anteojos enormes
colgados en medio de la calle;
únicos testimonios de una raza
desaparecida de gigantes.

Sentados al borde de las sillas,
cual si fueran a dar un brinco
y ponerse a bailar,
los parroquianos de los cafés
aplauden la actividad del camarero,
mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
hasta que pueda leerse
el anuncio de la corrida del domingo.

Con sus caras de mascarón de proa,
el habano hace las veces de bauprés,
los hacendados penetran
en los despachos de bebidas,
a muletear los argumentos
como si entraran a matar;
y acodados en los mostradores,
que simulan barreras,
brindan a la concurrencia
el miura disecado
que asoma la cabeza en la pared.

Ceñidos en sus capas, como toreros,
los curas entran en las peluquerías
a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
y cuando salen a la calle
ya tienen una barba de tres días.

En los invernáculos
edificados por los círculos,
la pereza se da como en ninguna parte
y los socios la ingieren
con churros o con horchata,
para encallar en los sillones
sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
trescientos doce curas
y doscientos noventa y tres soldados,
pasa una mujer.
A medida que nos aproximamos
las piedras se van dando mejor.

Sierra del Aljibe

Cuando Marian publicó su abecedario de la feria de Sevilla se me antojó a mí publicar también alguna cosilla sobre mi feria de este año, que fue más bien al estilo de Fray Luis de León, pues me dediqué a recorrer la Sierra del Aljibe, en el Parque Natural de Los Alcornocales, y la hermosa localidad de Alcalá de los Gazules, cuyo sonoro nombre procedente de la tribu bereber Ŷazûla, que todavía no conocía.

Como además soy cabezona y Gonzalo me tiró de la oreja por escribir haikus con trampa, esta vez no son dobles, sino sencillos, aunque desde luego no me atrevo a prescindir de las imágenes. En conjunto, textos y fotos, tomadas con una simple cámara compacta, son el recuerdo de un par de días de felicidad y plenitud y de un lugar al que hay que volver, tanto que la semana pasada lo hice para ver no la primera flor de ojaranzo, sino la floración del ojaranzo en todo su esplendor.

Un poema de Rocío Hernández Triano

En mis recientes escarceos como juglaresa (qué vergüenza, a mis años) he encontrado un grupo de gente variopinta y acogedora, las Personas Libro de Sevilla, con las que compartir el placer por la literatura no leída, sino dicha en voz alta, narrada, como dicen ellos. Con frecuencia se organizan actos en colaboración con la asociación literaria La Avellaneda y algunos de los participantes, que pertenecen a ambas,  se transmutan  de narradores de lo ajeno en lectores de la propia obra poética.  Entre estos esta Rocío Hernández Triano, de la que dejo aquí un poema que he encontrado en el interesante blog Las afinidades electivas.

Rocío es compañera de profesión, enseña Lengua y Literatura en un instituto de Secundaria de la provincia de Sevilla, y mantiene un blog de creación, La sonrisa de la iguana, en donde da sobrada muestra de su talento como poeta y narradora. Aunque escucharla en directo, con su magnífica dicción y naturalidad es mejor (es la última que aparece en el vídeo), merece la pena leerla.

Busqué la claridad

Busqué la claridad con los ojos abiertos
como quien sale ahogado de lo oscuro a la luz,
del légamo a la lumbre.
Como quien lleva siglos sumido en la tiniebla
Avancé torpemente,
vacilante, temblando
sobre un hilo invisible.
Pero estaba tu mano allá lejos,
como aquellas promesas en las que no creemos,
como aquellas promesas que han esperado tanto
que ya no se conocen.

Rocío Hernández Triano

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